Como decíamos ayer, visto y no visto. Un viaje alrededor del Monda en compañía de amigos.
Gracias, Juan, Esther, Jesús, Troglo, Juan Pablo, Oti, Faín, Mercedes, Roque, Adela, Peter, Miguel Ángel, María, Javier y compañía. Fue un placer y un lujo compartir con vosotros una noche tan inaudita.
Sí amigos, estas son las fotos del concierto que nuestra infatigable y generosa amiga Esther seleccionó y me envió y que, con su permiso expreso, cuelgo. Todas excepto las dos que ella puso en su blog son inéditas. Gracias de nuevo, Esther. Había muy poca luz y sabemos cuán exigente eres contigo misma y con tu trabajo, pero las fotografías nos parecen magníficas y simbolizan en toda su dimensión lo que para nosotros representó aquella noche. Como comprenderás, publicarlas aquí por vez primera supone para mí y mis compañeros un orgullo y un privilegio de primer orden.
Ya veis que casi todos los disparos me los llevé yo, pero he de precisar que Miguel Ángel y Andrés estaban casi en penumbra, como se aprecia en los vídeos.
Para terminar, ahí van dos de los últimos temas compuestos por Miguel Ángel Monda, también inéditos, que interpretamos en La Fídula, "En sus ojos" y "De paseo con El Cañas". Los grabó Oti Fidalgo con el móvil de Juan Pablo Muñoz Zielinski.
Sí, amigos..., ahí me tenéis, tan vivo y humeante como un volcán a punto de entrar en erupción y fotografiado nada menos que por Esther Cidoncha, la fotógrafa de jazz más grande de nuestra galaxia. ¿Dónde? En el Café Concierto La Fídula. ¿Cuándo? El sábado pasado, en el transcurso de una noche mágica que insufló en nuestros espíritus nuevos bríos, grandes emociones y muy buenos augurios para el futuro; una noche que nunca olvidaremos quienes tuvimos la suerte de estar allí.
La foto, desde luego, fue producto de la inmediatez y de la improvisación. Y, cómo no, de la agilidad y la pericia de Esther. Ya habíamos dejado de tocar; yo acababa de encender un cigarrillo (jamás fumo mientras toco en público, que conste) y Esther me pidió que me sentara bajo uno de los focos con el udu; realizó algunos disparos y, con un gesto, me pidió que me pusiera el cigarrillo en la boca; inhalé una gran bocanada y la expulsé inmediatamente... Y ahí me cazó. Una foto magnífica y sorprendente que, dejando a un lado cualquier polémica sobre el tabaco, constituye para mí toda una alegoría; sin duda, es el mejor retrato que me han hecho hasta ahora y con el que más plenamente me identifico como músico.
En el blog de Esther podéis ver más fotos y leer la emocionante crónica que Miguel Ángel Pérez, rara avis de la crónica jazzística madrileña, ha escrito sobre esa noche; una noche que, en mi caso, dio comienzo el día anterior. Porque mi viaje a Madrid fue, de principio a fin, un todo orgánico, una travesía marcada y dirigida por el jazz, y no podría ni querría desligar unas de otras las escalas que me condujeron a La Fídula.
Intentaré explicarme procurando ser lo más breve posible... (¡aunque la cosa va para largo!).
El viernes por la tarde partí, con el coche cargado de cacharros, hacia Madrid con la intención de hacer noche en Albacete, en casa de mi hermana, y reanudar camino al día siguiente, con luz diurna y ya lo suficientemente descansado. Durante el trayecto aproveché para escuchar algunas de mis últimas adquisiciones: Enrico Pieranunzi, Enrico Rava, Paolo Fresu...
Pero nada más llegar a casa de mi hermana me encontré con una sorpresa: una amiga me había dejado una invitación para asistir a uno de los conciertos del Festival de Jazz de Albacete, que esos días se celebraba en el emblemático Teatro Circo de la ciudad. Y allá que me fui. En cartel, una querida amiga mía: la cantante, pianista y compositora cubana Maye Azcuy, acompañada por un cuarteto magistral.
Maye Azcuy Quintet.
Maye Azcuy.
He olvidado el nombre del pianista. Subsanaré el despiste cuanto antes.
Maikel Vistel.
Reinier Elizarde Ruano, alias "El Negrón".
Arnaldo Lescay.
Maye Azcuy Quintet.
Tras el concierto, nos fuimos a cenar y, después, a la jam session de la Sala Pussy Wagon. Qué nivel. Y qué llenazo. Disparé algunas fotos como pude, pero ya no me preocupé por averiguar cómo se llamaban los músicos.
Eso sí, Maikel Vistel y Arnaldo Lescay continuaron dando guerra...
A las dos y media de la madrugada me fui a dormir. En la habitación que mi atenta hermana me había preparado, el espíritu del jazz aún me miraba fijamente a los ojos, sonriéndome con enigmática sonrisa...
A las nueve me levanté, desayuné con mi cuñado y mi sobrino, y reemprendí la ruta hacia Madrid. Esta vez fui alternando a Charles Mingus con los temas de Banda Inaudita que formaban parte del repertorio para La Fídula.
Nada más llegar, ensayo; luego, preparativos, puesta en marcha, prueba de sonido... Sólo tuve tiempo de hacer esta instantánea, dos horas antes del concierto...
Oti Fidalgo y Juan Pablo Muñoz Zielinski.
Al poco, el público comenzó a hacer acto de presencia, llegaron los amigos (alguno que otro, sumamente ilustre)... Y llegó la hora de la verdad. Como, obviamente, durante la actuación no disparé ni una sola foto, os dejo con "A su bola" el primero de los temas de Banda Inaudita que interpretamos después de la primera parte barroco-poética; así os haréis una mejor composición de lugar y una idea aproximada de lo que aconteció aquella noche. Este fue uno de los temas de transición hacia los tres temas jazzísticos finales.
Después de nuestra actuación había programada una jam session. Gran variedad de músicos de toda índole pululaban por el local, ansiosos por comenzarla. Trío base: Sebastián Chames (piano), Héctor Oliveira (contrabajo) y Nirankar Khalsa (batería).
Nirankar Khalsa.
Nirankar Khalsa y Héctor Oliveira.
Nirankar Khalsa y Héctor Oliveira.
Sebastián Chames y Nirankar Khalsa.
Y entre otros muchos, ¿sabéis quiénes aparecieron por allí? Los hermanos Vistel; sí, los Vistel Brothers, Jorge y Maikel Vistel; con éste último había estado la noche antes en Albacete. ¡Qué musicazos! ¡Estos tíos son infatigables!
Jorge Vistel.
Maikel Vistel.
Los Vistel Brothers.
Andrés Litwin.
Una vocalista espontánea.
En fin..., aquella noche me acosté a las seis y media de la madrugada, me levanté a las doce, me hice un café triple y me vine para Murcia de un tirón, escuchando a Steve Swallow, a Bobby McFerrin, a Pat Metheny y a Jaco Pastorius...
Probablemente, cuando llegué pesaba uno o dos kilos menos..., pero me había traido conmigo una tonelada de felicidad.
Os dejo, para terminar, con otra de las fotos que Esther me hizo entre tema y tema, durante la actuación. Lo que muestro a la cámara es uno de mis sonajeros en forma de huevo. Ahora que me veo, es curioso..., me encontraba detrás de la batería, en la Fídula, y mismamente parece que estoy en el salón de mi casa. ¿Lo habré soñado todo y no me he movido de aquí?
Reconozco que, aun siendo percusionista, siempre he sentido una íntima predilección por los contrabajistas (Charles Mingus, Ray Brown, Ron Carter o Charlie Haden…), una sana envidia por los vocalistas (Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Chet Baker, Sheila Jordan…) y una gran devoción por los compositores (Duke Ellington, Thelonious Monk, de nuevo Charles Mingus y, cómo no, el gran Jaco Pastorius…). Esperanza Spalding es las tres cosas a la vez y hace uno de los ejercicios que considero más difíciles en la música: tocar el contrabajo y cantar al mismo tiempo; y lo hace con absoluta independencia, desdoblándose hasta el punto de conseguir que un trío suene como un cuarteto. Tal es el caso de "Junjo" (Ayva Música, 2006), su sorprendente primer disco, que un sobrino mío me regaló las pasadas navidades y que no he dejado de escuchar ni un solo día hasta la fecha…
Y digo sorprendente porque… ¿quién, después de oírlo sin referencia alguna, se atrevería a decir que este es el primer trabajo discográfico de un músico; que este músico es, además, mujer, y que cuando lo grabó contaba solamente veintiún años? Seguro que nadie; porque en "Junjo" hay mucho poso, mucha madurez y mucha contención. Precisamente, “junjo” es –por lo poco que he podido descubrir– un término jamaicano que se utiliza para referirse al moho; y en muchos sentidos este disco es eso: una marisma de asombros y frescuras en las que arraiga la vida, un légamo pletórico de savias y energías que nos devuelve al origen y al barro del que estamos hechos.
Nueve densos temas (como nueve médanos firmes y benéficos) conforman esta impresionante y colorista ópera prima. Cinco de ellos son magníficas composiciones firmadas por Esperanza Spalding: Mompouana, Perazuán, Junjo, TwoBad y Perazela; y los otros cuatro –que constituyen por sí solos una clarísima y rotunda declaración de intenciones– son versiones originalísimas de temas tan conocidos como The Peacocks, de Jimmy Rowles; Loro, de Egberto Gismonti; Hampty Dumpty, de Chick Korea, y una conocida pieza del folclore argentino, la famosa zamba Cantora de Yala, de los inmortales maestros Gustavo “Cuchi”Leguizamón y Manuel José Castilla.
Tres de los temas están interpretados en dueto, y es en ellos donde la cálida voz de Esperanza Spalding adquiere un protagonismo especial: Perazuán, junto al pianista Aruán Ortiz; Cantora de Yala, en la que la contrabajista se acompaña deliciosamente a sí misma chapurreando nuestro idioma con gran delicadeza, y Perazela, la pieza más breve de todas, con el baterista Francisco Mela dibujando sutilmente los ritmos sobre los que se desliza la voz.
Y aquí he de apuntar algo realmente digno de tenerse en cuenta: que nos encontramos ante un proyecto puramente jazzístico y especialmente concebido para un trío; y que, aunque es Esperanza Spalding quien da la cara en la portada, "Junjo" no es, como ella misma reconoce, un trabajo exclusivamente suyo, sino que podría haber sido asimismo firmado por cualquiera de los dos excelentes y experimentados músicos cubanos que la acompañan.
Pero… ¿quién es esta fuerza de la naturaleza llamada Esperanza Spalding? ¿De dónde ha surgido esta gran promesa femenina del jazz del siglo XXI, capaz, pese a su frágil apariencia física, de tocar el contrabajo con un alma, una destreza y una energía equivalentes a las de cuatro viriles y curtidos contrabajistas?
Para muestra, un botón...
Baste decir que ha sido alumna de Ron Carter; que a su corta edad ya ha acompañado a músicos de la talla de Michel Camilo, Joe Lovano y Pat Metheny y que, en la actualidad, es la profesora más joven de la prestigiosa Berklee School of Music de Boston. Nació en Portland en 1984 e, inducida por su madre, comenzó sus estudios musicales y a tocar el violín con tan sólo seis años. A los quince, casi por casualidad, un profesor le permite tocar un bajo acústico recién comprado por la escuela y queda sorprendido ante la soltura de Esperanza: "¿Y dices en serio que es la primera vez que tocas el bajo?".
Pero Spalding fue descubierta para el gran público por Pablo Valero, director artístico y productor ejecutivo del sello Ayva Música. El pianista Aruán Ortiz lo llevó a un bar musical de Boston y allí estaba Esperanza. “Vamos a grabar un disco”, le dijo Pablo sin pestañear. Y salió "Junjo".
Si queréis escucharla y conocer algo más sobre ella, pinchad aquí. No os arrepentiréis.
Y ahora os dejo con una impagable serie fotográfica realizada por mi fotógrafa de jazz favorita, Esther Cidoncha, durante las pruebas de sonido en el Festival de Jazz de Móstoles de 2007, en el que Esperanza Spalding y Francisco Mela acompañaron a Joe Lovano, rememorando aquel fabuloso "Trío Fascination" que Lovano formó junto al baterista Elvin Jones y el contrabajista Dave Holland. Algunas de estas fotos ven la luz hoy aquí por vez primera. ¡Gracias, Esther!
Un abrazo y hasta pronto.
* * *
"Mis fotos sobre Esperanza Spalding", por Esther Cidoncha.