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miércoles, 13 de julio de 2011

Recogida de firmas en Jazz San Javier por la continuidad del Festival de Jazz de Murcia. Wynton Marsalis se sumó a nuestra causa.



Sí, amigos: el pasado viernes, 8 de julio, con el permiso expreso de la dirección del Festival Jazz San Javier, la asociación Zarangojazz instaló a las puertas del Auditorio Parque Almansa una humilde mesa de recogida de firmas para reivindicar la continuidad del otrora Festival Internacional de Jazz en la Calle.







Fruto de ese pequeño esfuerzo: doscientas y pico nuevas firmas y la adhesión del mismísimo Wynton Marsalis, que esa noche tocaba en Jazz San Javier junto a la Jazz Lincoln Center Orchestra. Hay que ser buena gente para, tras un descomunal concierto de más de dos horas y media (con todos sus preliminares y todos sus epílogos), solidarizarse con un pequeño grupo de aficionados al jazz y concederles su tiempo, su atención y su apoyo expreso. Ahí lo tenéis, firmando con su zurda nuestra reclamación.



Ni que decir tiene que este corto pero ancho encuentro fue posible gracias a la audacia de Cristobal Vicente, nuestro tesorero, coordinador y productor de medios en Zarangojazz. Tras hazañas como esta, lo veo ya ocupando también la presidencia, la vicepresidencia y la secretaría de la asociación.



Aunque, ¡ojo! (y nunca mejor dicho), esta noticia se habría transformado en humo y hoy no existiría de no haber sido por la presencia, la profesionalidad, la complicidad y la generosidad de un fotógrafo de jazz que siempre está donde tiene que estar: nuestro siempre atento vigía, amigo y compañero Goio Villanueva.


Esta foto se la hice yo a traición.

¡Enhorabuena, Mil Gracias, Salud Y Jazz Para Todos!



Fotos © 2011 Goio Villanueva


PD: Os dejo también con estas dos fotos de grupo hechas con la cámara de Miguel Ángel Monda, en las que podeis ver a buena parte de los socios de Zarangojazz (todos ellos también excelentes músicos de jazz de nuestra región) que se acercaron a la mesa de recogida de firmas.



Andrés Santos, Miguel Ángel Monda, Javier Bermejo, Curro García, Pedro Baños, Víctor Díaz, Marcial Picó y Lucas Albaladejo.


Los mismos más yo.

¡Ah!, y una enlace a la excelente y completa crónica de mi compadre Andrés Garrido sobre el concierto de Marsalis & Company y el precedente de Carla Cook & Albert Bover Trío, en la que destaca expresamente el encuentro en los camerinos junto a otra anécdota entrañable de la que también fue testigo privilegiado.

Sigo añadiendo cosas... No os perdais de vista la misiva que nuestro jazz messanger le hizo llegar a Marsalis...



Por último, la firma de Wynton Marsalis que acabo de conseguir gracias al propio Cristobal, que la ha colgado en su perfil de Facebook con estas palabras:

He aquí la firma de Wynton Marsalis apoyando nuestra campaña por la continuación del Festival de Jazz de Murcia. A los que habéis pedido permiso para copiar las fotos, por mi, difundidlas todo lo que queráis. Por favor, recordad que las fotos son obra del ubicuo GOIO VILLANUEVA. Le expliqué a Wynton Marsalis brevemente cómo el Festival había sido suprimido y que éramos una región modesta en cuanto al jazz pero que éramos una organización muy vehemente. W.M. dijo que qué pena y que continuáramos la lucha. Le dije que lo haríamos. Le regalé una camiseta en nombre de ZARANGOJAZZ, la aceptó y se despidió diciendo textualmente, "Lo que haga falta, dime qué necesitáis que haga, y lo haré", entonces le pedí una foto suya firmando y se mostró encantado. Fue en todo momento correctísimo, afable y muy educado. El próximo titular debería ser:

"WYNTON MARSALIS APOYA LA CONTINUIDAD DEL FESTIVAL DE JAZZ DE MURCIA"


Cris Vicente.


miércoles, 18 de mayo de 2011

XXXI FESTIVAL INTERNACIONAL DE JAZZ: Y el silencio fue tenor



A principios de mayo tendría que haberse celebrado (como, a pesar de sus vaivenes, ha venido sucediendo en las últimas ediciones), el XXXI Festival Internacional de Jazz de Murcia, originariamente denominado “Jazz en la Calle”. Lamentablemente, no ha ocurrido así. Pero aún más lamentable es que nadie haya dicho ni mu. Nadie, al menos, de entre quienes tendrían que haber dado una mínima explicación. A mí, personalmente, no ya como músico, sino como ciudadano apasionado por el jazz desde mi juventud, me sobran palabras para expresar lo que han suscitado en mí la decisión de suprimir el festival (¿por cuánto tiempo?) y el sigilo institucional con el que se ha procedido: perplejidad, preocupación, tristeza, rabia y una enojosa mezcla de vergüenza y frustración. Teníamos que dar la nota y la hemos dado: treinta años de tradición (sí, tradición) tirados por la borda.

De entrada, me pregunto: ¿desde cuándo ha estado esa idea en el centro de la diana? ¿Quién lanzó el primer dardo? ¿Se quiere cerrar definitivamente página en la historia de nuestro festival de jazz, uno de los más longevos de España, y dejar que se abran paso festivales de más reciente implantación? ¿Y por qué unos festivales tendrían que desalojar a otros? A todo esto, ¿ha habido consenso municipal? ¿Todos nuestros representantes políticos han sido informados y se han puesto de acuerdo? ¿Y por qué no se ha advertido a la ciudadanía, y más concretamente a quienes amamos el jazz, a través de los medios? ¿O los aficionados al jazz no somos ciudadanía? Por supuesto, no podemos comparar a los tres mil o cuatro mil fieles aficionados al jazz murcianos (cuando no muchos miles más) con los tropecientos mil que se disfrazan de huertanos el día del Bando de la Huerta. Pero la democracia se creó, entre otras cosas, para proteger y respetar los derechos de todos, mayorías y minorías. Y es innegable que la afición al jazz ha venido creciendo año tras año.

Pero qué voy a decir yo del jazz. Hasta los huertanos lo saben. Porque ser huertano y ser amante del jazz no son modos de ser incompatibles. El jazz es una música universal. El jazz es cultura con mayúsculas (¿qué opinan nuestros gestores culturales al respecto?). En el jazz se funden las músicas y las culturas como en ningún otro género musical. Por eso está presente en todos los rincones de la Tierra. En poco más de un siglo de existencia ha ido propagándose progresivamente por el mundo como una bendición para sus gentes. Centenares o miles de festivales de jazz dan fe de ello. Sólo en nuestra región podemos contabilizar el de Murcia, que fue pionero, al que siguió el de Cartagena y, más tarde, el de Lorca, hasta desembocar en el de San Javier… Y ahí están los resultados. Hay que estar muy ciego para no ver el fruto de tantos años, la respuesta del público, la calidad de las programaciones, el nivel de nuestros músicos y aficionados y la cantera que se ha ido forjando, plagada de jóvenes que saben que para hacer jazz hay que ser un músico de verdad y no basta con saber tres posturas ni pegar cuatro gritos.

Porque el jazz es música de músicas, es fuente de fuentes y bebe de todas ellas. El jazz se aprehende con los sentidos del alma en mayor medida que con los del cuerpo. El jazz congrega a un público culto, limpio, pacífico, responsable y sumamente heterogéneo. Gracias al jazz se han escrito novelas y poemas, pintado cuadros, rodado películas y compuesto bandas sonoras inmortales. El jazz ha dado al mundo a muchos de los mejores músicos de la humanidad, algunos de los cuales, no quepa la menor duda, han pasado milagrosamente por nuestro festival. A nivel personal creo, siento, veo y constato que en pocos años nos hemos venido instalando vertiginosamente en una cultura virtual, como de videojuego, una cultura de usar y tirar. Y de tirar, sobre todo, el dinero; un dinero que se le hurta a la cultura real, a la educación y al conocimiento esenciales, de uso y utilidad imperecederos. Cabría decir que existe una razón rudimentaria: es ésa la cultura que se nos está imponiendo; o, dicho de otro modo: se nos está privando de la capacidad de elegir…

Pero centrémonos en el asunto que nos ocupa. ¿No había otras soluciones, ni nadie contempló otras fórmulas? ¿O lo que no ha habido ha sido voluntad para encontrarlas? ¿Ha sido exclusivamente por dinero, es sólo cuestión de presupuestos? ¿La consabida crisis? ¿Y el jazz tiene que pagar las consecuencias? ¿No hay dinero, nos hemos quedado sin programador, se han echado atrás los patrocinadores? Pues en vez de actuar tan injusta y arbitrariamente cortándoles el chorro a los aficionados al jazz, recortemos un poco de aquí y de allá, consultemos a los interesados, contemos con los demás, ¡seguro que se involucran!, pero no dejemos morir un festival que ha escrito páginas gloriosas en nuestra historia cultural reciente. ¿Este año no había cien mil, ochenta mil, cincuenta mil euros para organizar el Festival de Jazz? ¿No había veinte mil? Con esa cantidad, Zarangojazz, la asociación de músicos y aficionados al jazz a la que pertenezco, se habría comprometido a colaborar, como otras veces, para coordinar y sacar a flote este año un XXXI Festival Internacional de Jazz tal vez más modesto pero no menos digno de su prestigio y trayectoria. Pero ésa era solo una posibilidad más. El festival podría haberse insertado este año, con menos presupuesto, en el XII Festival Tres Culturas. Eso sí que habría sido un gesto de tolerancia que la ciudadanía en general y los aficionados al jazz en particular habríamos entendido y aplaudido. Otra opción habría sido la de procurar que, al menos en parte, el festival se autofinanciara… Y, sin duda, locales ya emblemáticos como La Puerta Falsa o Jazzazza (con sus espacios y sus equipamientos), los músicos murcianos (con su experiencia y su habitual generosidad) y los miles de aficionados (con su lealtad y su pasión inquebrantables) habrían puesto todo de su parte para arrimar el hombro y sacar adelante una nueva edición del festival.

Pero, en fin, teníamos que dar la nota. Y la hemos dado. ¡Menuda nota! Y el silencio fue tenor.

Un año sin Julio Muñoz

[Obituario publicado hoy en la edición impresa del Diario La Opinión de Murcia bajo el título 'Un año sin un emblemático bajista de ...