jueves, 16 de septiembre de 2010

Scott Hamilton Quartet y Aljazzares Quartet en Jazzazza





Ha sido llegar y besar el santo. Jazzazza no se ha hecho esperar y ha inaugurado la temporada pisando fuerte. El viernes pasado nos sorprendió con un concierto exquisito: nada menos que el Scott Hamilton Quartet. Sí, habéis leído bien: Scott Hamilton.



El mundo va mal..., lo esencial se adultera..., los poderes destruyen en lugar de construir... Pero que hoy en día sea posible que una figura de su talla recale en un pequeño y apartado pueblo de la región de Murcia es sin duda un síntoma de progreso. Y un milagro del jazz.

El grupo, claro, estaba amañado para la ocasión (el anunciado contrabajista Ignasi González, por ejemplo, se descolgó a última hora del cartel y fue sustituido por Jordi Vila), aunque parecía que llevaban toda la vida juntos. Otro milagro del jazz.

Fabio Miano brilló con luz propia. Me atreví a hacerle un bosquejo.


Y, lo que es muy importante, todos los músicos tocaron sin partituras y, por tanto, sin atriles, ¡esos pequeños cadalsos para los ojos!

Scott Hamilton, desde luego, apenas los abrió durante toda la actuación.





Y Esteve Pi no le fue a la zaga...

Allí estaban, cómo no, los fotógrafos Goio Villanueva (saludándome desde lejos con un gesto muy "taurino") y Rafa Márquez...


Fue, en fin, un concierto que seguirá dando que hablar..., incluso entre los propios músicos.



Tres días después, esto es , el pasado lunes, tampoco quise perderme la primera actuación en Jazzaza del recién formado grupo Aljazzares Quartet. Esta era también la primera vez que se me presentaba la ocasión de oír tocar al guitarrista Gregorio Mármol, con quien mantengo desde hace muchos años una comunicación muy especial. Lo he visto crecer trabajando en el restaurante de sus padres, del que soy cliente desde hace décadas, y entre plato y postre siempre hemos compartido nuestra pasión por la música. Él toca desde hace mucho la guitarra, pero nunca antes había tenido la oportunidad de oírlo. Hace unos años nos sorprendió yéndose a recibir clases a Barcelona con una fuerza de voluntad digna de elogio (compaginar los estudios con el duro trabajo en la hostelería es muy difícil) y ahora, por fin, tras alcanzar un nivel en verdad considerable, se ha propuesto no cejar en su empeño y ha formado su propio grupo.


Gregorio Mármol demostró que tiene empaque y sensibilidad de guitarrista, amén de contención, precisión y buen gusto, y estuvo en todo momento perfectamente secundado por el diestro saxofonista Alan Kennedy...


...el joven bajista Pedro Molina...


...y el veterano baterista Paco Moya.

Así que mi más sincera enhorabuena a estos dos grupos, a Jota, a Jazzazza y a todos los músicos y aficionados que se esfuerzan por mantener viva la llama a nuestro alcance.


domingo, 12 de septiembre de 2010

La perilla de Andrés Santos



Sí, amigos..., Andrés Santos se ha dejado perilla. Anoche toqué con él y me lo encontré de esta guisa. Una auténtica sorpresa. En los veinte años que nos conocemos nunca antes había visto en él un cambio tan notable. Andrés siempre ha sido Andrés, El Chiquillo, como le llamaba el pianista José Antonio Muñoz en la época de Quasar. La verdad es que le sienta bien. O a mí me lo parece. Armoniza con sus cejas, su nariz, su pelo, sus ojos, su sonrisa. Por así decirlo, completa gráficamente su rostro. Parece un personaje del Siglo de Oro. De golpe y porrazo, se nos ha hecho mayor.


Las fotos las hice antes de la cena, totalmente vegetariana, tras la actuación. Una cena espléndida, novedosa, improvisada de principio a fin para nosotros por el chef Cayetano Gómez con ingredientes de primerísima calidad. Después de un trabajo musical bien hecho, los miembros del Antonio Pomares Trío disfrutamos de una cocina que tenía también muchísimo de trabajo musical bien hecho. Gracias, Cayetano, artista. Eres tan gran cocinero como excelente persona.


Dicho lo cual..., hola de nuevo, amigos. Lo cierto es que no sabía cómo retomar esta sopa y he comenzado por el final. Nunca he sido muy prolífico, pero en esta ocasión he estado dos meses desaparecido y, como amigo vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a dar (como diría el bueno de Pepe Isbert). Pero antes que nada he de deciros que he descansado, me he puesto fuerte, he cargado las pilas y traigo la sal en los labios, el rumor de las olas en mis oídos y un horizonte sereno reflejado en mis ojos.

Como sabéis, se me murió el ordenador; bueno, se le murió a mi hijo. Difunto total. El disco duro se disolvió en las tinieblas. Llevaba meses sin hacer copias de seguridad, así que perdí muchas cosas, poemas, prosas de diversa índole, centenares de fotos, traducciones, notas... Sentí algo así como si el que se hubiera muerto fuera yo. Me formatearon un viejo ordenador que languidecía y con él pude componer a paso de tortuga mi anterior entrada sobre Chucho Valdés; pero a los dos días se me estropeó de nuevo, y me sentí doblemente apuntillado en mi maltrecho orgullo de muerto virtual en vida.

Luego llegó Jazz San Javier y me trasladé a la costa. Allí, sin ordenador, bañándome en la mejor playa del mundo (que el ayuntamiento del Pilar de la Horadada quiere ahora borrar del mapa, colocando en su lugar un descomunal, horripilante e innecesario puerto), escuchando jazz, montando en bicicleta, paseando, conversando, jugando, bebiendo, tocando con los amigos y poniéndome a la última sobre cine con mis bocatas, mi cervezas, mis pipas y mis cojines..., allí, digo, poco a poco, el mar de mi interior fue expulsando el chapapote del estrés y los plásticos del mal rollo. Tanto es así, que incluso superé con dignidad moral y fortaleza mental dos serios e inoportunos contratiempos: una fuerte caída de la bici que me demostró una vez más que estamos vivos por azar y la muerte no pide nunca permiso, y la rotura de mi coche pocos días antes de nuestro regreso.

Ahora acabo de aterrizar en Murcia; he recuperado fuerzas y he vuelto a retomar proyectos aparcados (ya os contaré); mi ordenador ha superado un transplante e incluso le han dado varios años de garantía de vida... De modo que aquí estoy, de nuevo, en este otro mar que nunca he olvidado, porque nunca he dejado de acordarme de vosotros.

Por otra parte, aunque impuesta, la desconexión total ha sido, repito, saludable.

A partir de hoy, os lo prometo, procuraré organizarme para no volver a interrumpir durante tanto tiempo seguido la comunicación..., ¡no vaya a ser que a Andrés Santos le crezca toda la barba!

¡Salud y Jazz!

lunes, 12 de julio de 2010

'Los pasos de Chucho' en Jazz San Javier


CHUCHO VALDÉS & THE AFROCUBAN MESSENGERSXIII Festival Internacional Jazz San Javier

8 de julio de 2010.
Auditorio Parque Almansa. San Javier (Murcia).

Chucho Valdés: piano.
Mayra Caridad Valdés: voz.
Lázaro Rivero Alarcón: bajo eléctrico y contrabajo.
Juan Carlos Rojas Castro: batería.
Yaroldy Abreu Robles: percusión.
Dreiser Durruthy Bombalé: batá y voz.
Carlos Manuel Miyares Hernández: saxo tenor.
Reinaldo Melián Álvarez: trompeta.




El tiempo pasa raudo, qué duda cabe. Parece increíble que estemos ya en la XIII edición del Festival Internacional de Jazz de San Javier. Pero qué gratificante es regresar al Auditorio Parque Almansa y sentir que el tiempo, allí, se ha detenido; es decir: sigue detenido; y qué alegría interior produce comprobar, edición tras edición, que el público acude a Jazz San Javier con la misma ilusión, la misma gentileza y el mismo saber estar que el primer día. Y es que en todos estos años este festival ha venido siendo fiel al espíritu abierto y conciliador con el que nació y gracias al cual ha conseguido labrarse un lugar prominente en el actual panorama jazzístico internacional.

Una prueba irrefutable de sus más genuinas señas de identidad fue el conciertazo que el pasado jueves tuvimos la suerte de escuchar los centenares de aficionados que abarrotábamos este santuario del jazz al aire libre: el que nos brindó Chucho Valdés junto a su banda de nuevo cuño, The Afrocuban Messengers, con la que ha grabado su último trabajo, Chucho’s Steps, un tributo no tanto al jazz afrocubano, del que Chucho ha sido máximo exponente durante décadas al frente de su legendaria banda Irakere, como a la propia historia del jazz y a la propia historia de la música cubana, ambas vertebradas desde sus orígenes por una raíz-madre común: África.


Al margen del virtuosismo y de la hondura de Chucho Valdés como pianista, así como de la calidad, la originalidad y la complejidad de sus composiciones, el concierto fue, de principio a fin, una inmensa descarga de energía y espiritualidad, en la que los tambores batás, base de la música santera o lucumí, fueron junto a las congas, los bongos, los güiros y los cencerros los principales protagonistas de la noche. El Okonkoló, el Itotelé y el Iyá cantaron literalmente en manos de Dreiser Durruthy, admirablemente secundado por el joven y virtuoso conguero Yaroldy Abreu y el veterano baterista Juan Carlos Rojas.



Qué dechado de precisión. Durruthy se quedó sólo en varias ocasiones, desdoblándose, llenando el escenario con sus cantos yorubas al tiempo que percutía como una tribu entera con una alegría y una naturalidad pasmosas. Pero es que en esta banda todos cantan y percuten con alegría y naturalidad. “En la percusión está el alma de la música cubana”, declaró recientemente Chucho Valdés, que batió en muchos momentos del concierto el estático y solemne piano de cola con ritmos endiablados, logrando que olvidáramos por completo su función armónica. El güiro y los shekeres pasaban de mano en mano entre los músicos, y Lázaro Rivero se atrevió incluso a golpear con una baqueta las cuerdas de su contrabajo.


Todos somos conscientes de la enorme influencia de la música latina en el jazz, y quien más y quien menos ha seguido atentamente a sus más preclaros valedores; pero tal vez no sea demasiado aventurado afirmar que Chucho Valdés ha sido y es, además de uno de los más grandes pianistas latinos de todos los tiempos, el músico más determinante en el desarrollo y la preservación del jazz afrocubano y el denominado cubop. Con esta formidable banda y este nuevo trabajo ha venido a demostrarlo y a hacer historia una vez más. El repertorio no pudo ser más explícito: un crisol de rumba, rezo, son, mambo, danzón, bolero y chachachá sabiamente combinados con dixieland, swing, hard bop, free jazz, balada y jazz fusión. Y todo ello muy bien dosificado e interpretado con suma intensidad y altísimo control escénico.

Fue un concierto realmente plagado de homenajes, pues comenzaron con la arrebatadora suite “Misa Negra”, uno de los temas estandarte de Irakere, para seguir con “Danzón”, una composición en donde convergen con sorprendente fluidez el chachachá, la balada, el danzón e incluso el rhythm and blues. Después le llegó el turno a “New Orleans”, un tema con reminiscencias del más puro dixieland expresamente dedicado a la familia Marsalis. “Yansá” dio inicio a los delirantes cantos yorubas dedicados a las deidades orishas, en este caso a la guerrera Oiá, diosa de la oscuridad, representada simbólicamente como una centella. Le siguieron “Begin to be good” y “Zawinul Mambo”, sendos guiños a dos temas inmortales: “Begin the beguine” de Cole Porter, y “Birland” de Joe Zawinul, dos de los músicos más influyentes en la carrera de Chucho Valdés.



Con “Obatalá”, la primera intervención de la portentosa cantante Mayra Caridad Valdés, hermana de Chucho, el concierto dio un giro providencial. La voz de esta mujer es, sencillamente, puro oro molido, herencia viva del folclore afrocubano. “Chucho’s Steps”, el tema que da título al álbum –y el más difícil y arriesgado, en palabras del propio Chucho– es una clara alusión al Giants Steps de John Coltrane.




Para finalizar, “Changó”, con el que Durruthy, además de cantar invocando a una de las divinidades yorubas más populares, voló frenéticamente sobre el escenario, y “Los caminos”, un tema de Pablo Milanés al que Chucho siempre recurre cuando se encuentra realmente a gusto. Y de propina, dos espléndidos bises: “La fiesta de San José”, de nuevo con Mayra Caridad Valdés levantando de sus asientos y animando a cantar al público, y “Los güiros”, una verdadera conversación, cuando no un intenso duelo, de shekeres en manos de Lázaro Rivero y Yaroldy Abreu.



Un concierto, como digo, con una poderosa base de percusión, como corresponde a la música afrocubana. Pero no puedo dejar de mencionar la impresionante labor jazzística que el trompetista Reinaldo Melián y el saxofonista Carlos Manuel Miyares desarrollan en este trabajo con sus solos –límpidos, perfectos, conmovedores- y sus peliagudos coros. Creo que no exagero al afirmar que juntos equivalen a toda una sección de vientos.




Repito: alta noche de música en clave cubana magistralmente fundida con la historia misma del jazz. Con lecciones así comprende uno de inmediato la verdadera naturaleza de la música, su extraordinaria dimensión social y cultural, la obstinada perseverancia con que los seres humanos la demandamos y la magnitud de los beneficios que nos reporta; y no puede uno estar más completamente de acuerdo con la siguiente afirmación del musicólogo Luc Delanoy: “En nuestras sociedades occidentales tenemos la tendencia de querer descubrir todo, de excavar, etiquetar, catalogar y poner en museos para completar la apropiación. Poner en vitrina un saxofón, una conga, una partitura y algunas fotos, es una cosa; alentar la enseñanza del jazz latino en las escuelas es otra. Ante todo, habría que motivar las animaciones musicales escolares y permitir a esta música pública ocupar un espacio público”. Tal vez Chucho, leal a esa filosofía, justo antes de animar a subir al escenario en el último bis a su hijo Julián, de cuatro años, sentarlo sobre sus rodillas y guiar con sus enormes y maduras manos las tiernas y sorprendidas manos del pequeño, se hiciera una pregunta: “¿Y qué mejor escuela que esta?”.



Texto © Sebastián Mondéjar
Fotos © 2010 Rafa Márquez y Sebastián Mondéjar


martes, 15 de junio de 2010

'IVLIANVS SUITE', de Jordi Rossy Quintet

Jordi Rossy Quintet: IVLIANVS SUITE
Nuba Records/Produccions Contrabaix, 2010


Jordi Rossy: piano
Albert Sanz: órgano Hammond
R. J. Miller: batería
Chris Cheek: saxo tenor
Félix Rossy: trompeta y corneta
...
LA VERDAD REENCONTRADA
...
La Musique creuse le ciel.
-CHARLES BAUDELAIRE-
...

Suena, clara y desnuda, una trompeta. Entona una sencilla y nostálgica melodía que, aun siendo nueva al oído, contiene todas las melodías sencillas y nostálgicas de la historia de la música. Con "Scilla e Cariddi" comienza Ivlianvus Suite, el segundo cuaderno de bitácora de Jorge Rossy como pianista y compositor al frente de su propia nave; y con esa melodía comienza también la singladura que cada cual, movido por sus emociones y su bagaje personal, traduce en su imaginación conforme esa nave va adentrándose en su interior. Sí. De este modo se abre para mí el nuevo y emotivo viaje musical que Jorge Rossy nos propone. Suena, limpia y desnuda, una trompeta. Es madrugada. Llueve mansamente sobre una gran ciudad. Escila y Caribdis, los dos monstruos marinos de la mitología griega, se han convertido en lluvia.

Inspirada en la célebre novela histórica Juliano el apóstata, de Gore Vidal, Ivlianvs Suite se nos anuncia así como un canto al paganismo y una reivindicación del politeísmo como camino espiritual; exhortación que tiene ya un claro precedente en "Wicca", el tema que dio título al primer álbum de Rossy y el único de aquel trabajo compuesto para quinteto (un tema que, de hecho, encajaría perfectamente en Ivlianvs Suite). Ya entonces Jorge Rossy se confesaba seducido por la idea y la necesidad de resucitar el paganismo. Hoy sigue insistiendo. Y a qué nivel.

Al margen de cualquier tipo de consideración musical, la inspiración literaria de este nuevo álbum nos adentra por otra vía en la forma de ser y de sentir de Jorge Rossy, en su modo de vivir la música y armonizar la vida, y nos induce ya desde el umbral a reflexiones muy concretas de índole moral, política, histórica o filosófica.

Pensemos por un momento en la Historia que no fue pero que pudo haber sido si Juliano hubiera conseguido restaurar el paganismo frente al pujante y poderoso cristianismo de su época. Pensemos, por ejemplo, en lo diferente que habría sido la Edad Media sin esa idea imperial que ha dominado en Occidente desde entonces hasta nuestros días. Tal vez Occidente sería hoy menos occidental. En realidad, la adopción del cristianismo vino a ser una instauración de la monarquía, pues el monoteísmo favoreció el modelo de emperador único y todopoderoso, representante de Dios en la Tierra.

Ivlianvs Suite nos narra una historia que requiere, pues, mucha atención. Es la obra de un creador comprometido; una oda a la naturaleza, la libertad y la tolerancia; un tributo en ocasiones grave y elegíaco, pero siempre celebratorio, a quienes tuvieron y tienen la valentía de pensar y vivir de un modo diferente. Al fin y al cabo, la música es una celebración más de la vida, tal vez la más directa y efectiva, y en ella están implícitos la enfermedad, el dolor, la tristeza y la muerte. Quienes compartimos Ivlianvs Suite ya como algo nuestro tenemos el convencimiento moral de que el sueño de Juliano no fue inútil, que la verdad y la razón pueden aún reencontrarse y transformar la realidad.

Pero hablemos del disco y del viaje musical que nos propone.

Las diez piezas del álbum actúan como un todo orgánico y coherente, conceptual e instrumentalmente uniforme, y en todas ellas prevalece una sintaxis musical nítida y fluida, una voz propia, una sola voz solemne con múltiples registros; o, como diría William Shakespeare, "una voz que a la vez es muchas voces".

De manera que, si bien son cuatro los temas –espléndidos, distintos, inseparables- que conforman la denominada Ivlianvs Suite que da título a la obra, para mí "Scilla e Cariddi", el primer tema del álbum, no es sino el preludio de una suite en diez movimientos sabiamente dispuestos de principio a fin.

Ya desde sus títulos, concisos y esclarecedores, habría mucho que hablar sobre cada uno de ellos. “Scilla e Cariddi” y los cuatro movimientos específicos de Ivlianvs Suite, “Coral”, “Mithra”, “Horus” y “Conclusion” configurarían una hipotética primera parte o cara A del álbum. “Pupisu” (un tema al que luego me referiré más detenidamente) abriría, pues, la cara B, seguida de “Manzano”, “Luna”, “Distance Post Catholic Waltz” y “Baselove”. Todos ellos forman una red compacta en la que cabe todo y en la que todo está cosido por el mismo hilo.

Después están los tonos y los timbres, los aires y los tiempos, la altura y la intensidad, el orden y la complejidad de cada tema. No voy a analizar eso ahora. La amplitud y la pluralidad, la originalidad y la contención están garantizadas. Sólo quiero insistir en lo bien que armoniza y progresa cada una de las piezas en el oído.

Ni que decir tiene que el empaste instrumental y la dinámica de grupo son en todo momento excepcionales; pero a cada músico también hay que escucharlo aparte, en su soledad, en su circunstancia, en su misión a bordo de la nave. Félix Rossy y Chris Cheek se entienden a la perfección. Oír al joven Félix mano a mano junto a un maestro como Chris Cheek y en plena sintonía con el grupo provoca en mis adentros poco menos que escalofríos de placer. Sus unísonos y sus solos son impecables. Llevan la voz cantante durante casi toda la obra; son los metales que junto al pulso y la respiración del órgano de Albert Sanz consiguen transportarnos a la Roma de Juliano.

La misión de Albert Sanz es, posiblemente, la más ardua, pero tal vez la más digna de elogio. Su Hammond es el pulmón del grupo. Sus bajos continuos y sus modulaciones armónicas mueven el fuelle que hincha las velas con invariable soplo majestuoso, mientras los dedos de Jorge Rossy manejan el timón y reman desde atrás acariciando con delicadeza las olas de su piano. Del papel del argonauta Jorge Rossy a bordo de la nave sólo diré que él es la nave misma, cuya ruta ya ha trazado de antemano, y que trabaja en ella como uno más, sin altivez, sin aspavientos, codo con codo junto al resto de la tripulación.

La labor, finalmente, de R. J. Miller con la batería es encomiable: siempre está donde tiene que estar. Su pulso, tanto en tiempos lentos como altos, es cálido y exacto, un auténtico reloj de precisión. Cómo mantiene, cómo transmite, cómo empuja… Hay que oírlo, para creerlo, en “Pupisu”.

Y, ahora que lo he mencionado, no puedo dejar pasar la ocasión de reflexionar sobre este tema, “Pupisu”, precisamente por ser el único del álbum que no viene firmado por Jorge Rossy, sino por su hijo Damián, el benjamín de la familia. Esta particularidad, unida al hecho (estimo que intencionado) de que ocupa un lugar central en la secuencia de las piezas, le otorga una indiscutible relevancia en esta obra.

Y es que con tan sólo ocho años Damián Rossy compuso, dedicada a uno de sus pequeños gatos, una escena descriptiva pletórica de gracia y de ternura, un verdadero himno a la naturaleza que tiene también mucho de juego, de cantinela infantil. Con su exultante versión, Jorge Rossy, su padre, ha convertido a “Pupisu” en deidad terrenal y casi diría que en protagonista principal de la historia o las historias que con este nuevo álbum nos quiere transmitir. En esa música espontánea, dinámica y candorosa pero cargada de expresividad que ha compuesto su hijo, resume y enarbola Jorge Rossy el espíritu, la razón de ser y las características esenciales de su propia música.

Por definirlo brevemente y de algún modo, Ivlianvs Suite es jazz de autor, de músico que se adentra en sí mismo y escribe al dictado de su propia voz. Es jazz de cámara, culto, sobrio y exquisito. Pero también es mucho más. Lo cierto es que adopta pero trasciende los cánones jazzísticos, proponiéndonos un viaje a través de la historia misma de la música; vadeando, por supuesto, los géneros del jazz, pero también el Renacimiento, el Barroco, el Romanticismo, la música litúrgica, profana, polifónica... Todo ello, como digo, muy bien dosificado y circunscrito a un idioma jazzístico con reminiscencias clásicas y contemporáneas. El caso es que cuanto más lo escucho, mayor es mi certeza de que me encuentro ante una obra magna, única, de una hondura y una originalidad sobrecogedoras, y más consciente soy de la magnitud de su mérito. Para mí Ivlianvs Suite siempre tendrá vigencia (como siempre tendrán vigencia Homero, Bach, Duke Ellington, Charles Mingus, John Keats o Emily Dickinson), porque desprende luz, verdad, inteligencia, y deja abiertas numerosas puertas y expectativas de futuro.

Creo sinceramente que este trabajo representa un gigantesco paso más en el periplo individual de Jorge Rossy como compositor, como pianista y, al fin y al cabo, como ser humano. Parafraseando un pensamiento del pintor Ramón Gaya sobre Mozart, estoy desde hace muchos años persuadido de que Jorge Rossy (como todo creador verdadero) utiliza la música como un medio para desembocar en la vida. Quienes se refieren a él destacan casi siempre, precisamente, su humildad. Pero para ser humilde hay que ser también valiente, honesto, trabajador, juicioso y perseverante. Jorge Rossy es ante todo un hombre fiel a sus principios, coherente consigo mismo, solidario con los demás y sumamente respetuoso con el mundo que le rodea. Cuando hace unos años anunciaba su decisión de "ladear" puntualmente la batería para dedicarse a componer, tocar el piano e interpretar sus propios temas, no lo hacía obedeciendo a un capricho o un deseo repentinos. Él es un creador innato que compone y toca el piano (y otros instrumentos) desde siempre. Cuando lo conocí en 1986 tenía 21 años y ya tocaba magistralmente la batería y la trompeta. Aquel año, un tema suyo, “Nadie es perfecto”, ganó el primer premio a la mejor composición en la I Muestra Nacional de Jazz para Jóvenes Intérpretes, celebrada en Mallorca. Ha pasado un cuarto de siglo y su trayectoria, su calidad y su prestigio como baterista son incontestables. Pero él continúa ahondando el cielo con su música.

¡Gracias, Jorge!
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miércoles, 19 de mayo de 2010

"Vals_amico", por Monda Trío



Os dejo con el primer tema de nuestro repertorio de aquella noche, "Vals_amico", uno de los últimos divertimentos de Monda, que consideramos propicio para romper el hielo y hacer las presentaciones. Escuchando el lento rollo que solté podréis haceros una idea de lo nerviosos que estábamos. Las fotografías son de Goio Villanueva. La próxima vez colgaré varios temas seguidos.

Hasta entonces, ¡salud y jazz!


Un año sin Julio Muñoz

[Obituario publicado hoy en la edición impresa del Diario La Opinión de Murcia bajo el título 'Un año sin un emblemático bajista de ...