XII Festival Internacional Jazz San Javier
Auditorio Parque Almansa
Sábado, 4 de julio de 2009
RON CARTER QUINTET
Ron Carter: Contrabajo
Stephen Scott: Piano
Guilherme Monteiro: Guitarra
Rolando Morales-Matos: Percusión
Payton Crossley: Batería
Sí, amigos, palabras mayores:
Ron Carter. Palabras ante las que enmudecemos. Historia del jazz viva. Memoria del pasado, del presente e incluso del porvenir. Más que un concierto, El Ron Carter Quintet nos impartió una lección de buen hacer. Un master de perfección. Con humildad y sabiduría. Con emoción, verdad y hondura. Como un rezo a las estrellas. Fue el primero en subir y el último en abandonar el barco. Desde el centro de la cubierta, con los ojos cerrados, rodeado de cuatro músicos espléndidos (tres de ellos, Stephen Scott, Ghilherme Monteiro y Rolando Morales-Matos, participaron en la grabación del álbum que presentaba, "Jazz & Bossa"; sólo faltaba el saxofonista Javon Jackson, y Payton Crossley sustituía a Portinho al frente de la batería), Ron Carter capitaneó la majestuosa nave de su música con sobriedad y dulzura, con elegancia y naturalidad, amarrado como un antiguo Ulises a su contrabajo, que es a la vez el mástil, el remo y el timón, y cautivando desde la primera nota los oídos y las almas de cuantos en aquel océano de serenidad y sabiduría nos dejamos mecer. Fue un viaje iniciático. Partiendo de los cánones más puros, Ron Carter reinventó la tierna y cadenciosa bossanova fundiéndola (permitidme el oxímoron) con la profundidad del jazz más elevado. Durante tres cuartos de hora desgranó ininterrumpidamente sus propias composiciones ('Ah, Río', 'Por-de-sol', 'Obrigado', 'Saudade'...) más dos temas inmortales de Antonio Carlos Jobim, 'Chega de saudade' y 'Wave'. La querencia de Ron Carter hacia la música brasileña no es nueva. Ahí están sus álbumes "Third Plane", "Patrao", "Orfeu" o "Carnaval" para corroborarlo. Pero con "Jazz & Bossa" y esta formación (tres de los músicos que participaron en la grabación son brasileños) ha echado el resto. La calidad, la elegancia, la sensibilidad; la altura, en suma, de todos y cada uno de los músicos que le acompañan es conmovedora. Y no digamos su complicidad.
Pero no puedo dejar de destacar la labor descomunal del superdotado y jubiloso percusionista Rolando Morales-Matos, quien literalmente se lució durante todo el concierto, pero sobre todo en los temas más altos, como el vertiginoso 'Cançao do sal' o el cálido 'De samba'. Rodeado, y no exagero, de un centenar de instrumentos y cachivaches percusivos de todas las especies, Rolando Morales-Matos se multiplicó por cien y, con una precisión milimétrica sobre el tiempo y el espacio, dejó al público boquiabierto. Su forma de interpretar trasciende el universo propio de la percusión para adentrarse en el de la melodía y, más aún, en el de la armonía. Un verdadero mago. El propio Ron Carter, claro está, disfrutó con él como el que más y no dudó en cederle en varias ocasiones todo el protagonismo.
En fin, amigos, cuando acabó la travesía y la tripulación se fue a dormir, la nave se alejó balanceándose con nuestras almas dentro. Si alguna vez atraca en vuestro puerto (aunque sea de secano), por favor, no dejéis pasar la ocasión y subid a bordo.
Mientras tanto, aquí os dejo con algunas de mis fotografías del crucero.
¡Salud y paz!