
Sí, amigos..., ahí me tenéis, tan vivo y humeante como un volcán a punto de entrar en erupción y fotografiado nada menos que por Esther Cidoncha, la fotógrafa de jazz más grande de nuestra galaxia. ¿Dónde? En el Café Concierto La Fídula. ¿Cuándo? El sábado pasado, en el transcurso de una noche mágica que insufló en nuestros espíritus nuevos bríos, grandes emociones y muy buenos augurios para el futuro; una noche que nunca olvidaremos quienes tuvimos la suerte de estar allí.
La foto, desde luego, fue producto de la inmediatez y de la improvisación. Y, cómo no, de la agilidad y la pericia de Esther. Ya habíamos dejado de tocar; yo acababa de encender un cigarrillo (jamás fumo mientras toco en público, que conste) y Esther me pidió que me sentara bajo uno de los focos con el udu; realizó algunos disparos y, con un gesto, me pidió que me pusiera el cigarrillo en la boca; inhalé una gran bocanada y la expulsé inmediatamente... Y ahí me cazó. Una foto magnífica y sorprendente que, dejando a un lado cualquier polémica sobre el tabaco, constituye para mí toda una alegoría; sin duda, es el mejor retrato que me han hecho hasta ahora y con el que más plenamente me identifico como músico, como poeta y como persona.
En el blog de Esther podéis ver más fotos y leer la emocionante crónica que Miguel Ángel Pérez, rara avis de la crónica jazzística madrileña, ha escrito sobre esa noche; una noche que, en mi caso, dio comienzo el día anterior. Porque mi viaje a Madrid fue, de principio a fin, un todo orgánico, una travesía marcada y dirigida por el jazz, y no podría ni querría desligar unas de otras las escalas que me condujeron a La Fídula.
Intentaré explicarme procurando ser lo más breve posible... (¡aunque la cosa va para largo!).
El viernes por la tarde partí, con el coche cargado de cacharros, hacia Madrid con la intención de hacer noche en Albacete, en casa de mi hermana, y reanudar camino al día siguiente, con luz diurna y ya lo suficientemente descansado. Durante el trayecto aproveché para escuchar algunas de mis últimas adquisiciones: Enrico Pieranunzi, Enrico Rava, Paolo Fresu...

Pero nada más llegar a casa de mi hermana me encontré con una sorpresa: una amiga me había dejado una invitación para asistir a uno de los conciertos del Festival de Jazz de Albacete, que esos días se celebraba en el emblemático Teatro Circo de la ciudad. Y allá que me fui. En cartel, una querida amiga mía: la excepcional cantante, pianista y compositora cubana Maye Azcuy, acompañada por un cuarteto magistral.

Maye Azcuy Quintet.

Maye Azcuy.

He olvidado el nombre del pianista. Subsanaré el despiste cuanto antes.

Maikel Vistel.

Reinier Elizarde Ruano, alias "El Negrón".

Arnaldo Lescay.

Maye Azcuy Quintet.
Tras el concierto, nos fuimos a cenar y, después, a la jam session de la Sala Pussy Wagon. Qué nivel. Y qué llenazo. Disparé algunas fotos como pude, pero ya no me preocupé por averiguar cómo se llamaban los músicos.


Eso sí, Maikel Vistel y Arnaldo Lescay continuaron dando guerra...


A las dos y media de la madrugada me fui a dormir. En la habitación que mi atenta hermana me había preparado, el espíritu del jazz aún me miraba fijamente a los ojos, sonriéndome con enigmática sonrisa...

A las nueve me levanté, desayuné con mi cuñado y mi sobrino, y reemprendí la ruta hacia Madrid. Esta vez fui alternando a Charles Mingus con los temas de Banda Inaudita que formaban parte del repertorio para La Fídula.
Nada más llegar, ensayo; luego, preparativos, puesta en marcha, prueba de sonido... Sólo tuve tiempo de hacer esta instantánea, dos horas antes del concierto...

Oti Fidalgo y Juan Pablo Muñoz Zielinski.
Al poco, el público comenzó a hacer acto de presencia, llegaron los amigos (alguno que otro, sumamente ilustre)... Y llegó la hora de la verdad. Como, obviamente, durante la actuación no disparé ni una sola foto, os dejo con "A su bola" el primero de los temas de Banda Inaudita que interpretamos después de la primera parte barroco-poética; así os haréis una mejor composición de lugar y una idea aproximada de lo que aconteció aquella noche. Este fue uno de los temas de transición hacia los tres temas jazzísticos finales.
Después de nuestra actuación había programada una jam session. Gran variedad de músicos de toda índole pululaban por el local, ansiosos por comenzarla. Trío base: Sebastián Chames (piano), Héctor Oliveira (contrabajo) y Nirankar Khalsa (batería).

Nirankar Khalsa.
Nirankar Khalsa y Héctor Oliveira.

Nirankar Khalsa y Héctor Oliveira.

Sebastián Chames y Nirankar Khalsa.
Y entre otros muchos, ¿sabéis quiénes aparecieron por allí? Los hermanos Vistel; sí, los Vistel Brothers, Jorge y Maikel Vistel; con éste último había estado la noche antes en Albacete. ¡Qué musicazos! ¡Estos tíos son infatigables!

Jorge Vistel.

Maikel Vistel.

Los Vistel Brothers.

Andrés Litwin.

Una vocalista espontánea.
En fin..., aquella noche me acosté a las seis y media de la madrugada, me levanté a las doce, me hice un café triple y me vine para Murcia de un tirón, escuchando a Steve Swallow, a Bobby McFerrin, a Pat Metheny y a Jaco Pastorius...
Probablemente, cuando llegué pesaba uno o dos kilos menos..., pero me había traido conmigo una tonelada de felicidad.
Os dejo, para terminar, con otra de las fotos que Esther me hizo entre tema y tema, durante la actuación. Lo que muestro a la cámara es uno de mis sonajeros en forma de huevo. Ahora que me veo, es curioso..., me encontraba detrás de la batería, en la Fídula, y mismamente parece que estoy en el salón de mi casa. ¿Lo habré soñado todo y no me he movido de aquí?

Gracias de nuevo, Esther, maestra.
¡Salud, jazz y poesía, amigos!














