En mi larga carrera como músico profesional, he dado ya mil veces la vuelta a mi mundo y actuado por todos los rincones de mi casa. [In my long career as a professional musician, I have traveled a thousand times around my world and played in every corner of my house].

miércoles, 14 de febrero de 2007

¡Qué Noche la de Aquel Día!




A la familia Rossy...


El 28 de diciembre de 2005 se daba un concierto en el café-bar La Muralla de Murcia: Jorge Rossy en formación de cuarteto. "¡No puede ser! ¡Será una broma! ¿Qué pinta Jorge Rossy en Murcia en estas fechas? ¡Como si no tuviera cosas más importantes que hacer...!". ¡Era cierto! Jorge venía de paso hacia Andalucía, y Miguel Ángel Orengo le había pedido, en nombre de la asociación Zarangojazz, que hiciese un alto en el camino...


¡Y llegó la noche del Día de los Inocentes...!


Me dirigí a La Muralla con la emoción de un adolescente. Me ocurre siempre que voy a un concierto (a escuchar o tocar): el corazón me late como un bombo. En realidad, la música es mi novia; una novia que siempre es la primera y por la que no pasan los años. Pero esa noche era especial: iba a ver a Jorge Rossy, con quien coincidí y conviví en Mallorca, en 1986, con motivo de la Iª Muestra Nacional de Jazz para Jóvenes Intérpretes. Él, como muchos de los músicos que allí se dieron cita (Chano Domínguez, Marc Miralta, Eladio Reinón...), era aún casi un zagal, pero ya era un fenómeno con la batería y la trompeta. Desde entonces, sólo había vuelto a verlo en dos o tres actuaci
ones puntuales, la última de ellas en el III Festival Internacional de Jazz de San Javier, el año 2000, acompañando al saxofonista Chris Cheek junto a Brad Mehldau, Kurt Rosenwinkel y Matt Penman...

No vino solo; lo hizo acompañado de toda su familia: su mujer, Ana, y sus hijos, Félix, de once años, y Damián el benjamín.


Cuando llegué a La Muralla, me quedé de una pieza. Jorge, sentado ante el teclado, ordenaba las partituras y daba indicaciones a Tiziano Garoffolo, contrabajista milanés afincado en Murcia, mientras Miguel Ángel Orengo -calentando la batería- y Félix -en pie, trompeta en ristre- aguardaban el momento de comenzar la sesión. Aquello, en realidad, no iba a ser una actuación al uso; tampoco una jamsession al uso, sino una reunión improvisada de músicos que iban a compartir escenario sin ensayos previos y por primera vez. Hé ahí la magia, hé ahí la esencia del jazz...


Conocí a Félix por el nº 7 de la revista catalana Jaç., Allí se cuenta cómo Jorge Rossy fue a despertarlo a la habitación del Gran Hotel La Florida porque el tío Brad reclamaba su presencia en la jamsession posterior a la actuación del Brad Mehldau Trío en el Palau de la Música, con motivo del 36è Festival Internacional de Jazz de Barcelona. Figuraba también la portada del CD que Félix, junto a su padre y ocho músicos más, había grabado a finales de 2002 como homenaje a uno de sus grupos favoritos: The Beatles.


La sesión en La Muralla fue, sencillamente, memorable. La habilidad, la dulzura y el aplomo de Félix me impresionaron como nunca antes nadie lo había hecho. Se arrancó con un tema de Lee Morgan, Cornbread, que me recordó al mismísimo Tom Browne, e interpretó temas de Hubbard o Miles con la soltura de un clásico y verdadero jazzman. Me pareció un completo Pequeño Gran Hombre. Todos cuantos asistimos a aquel concierto fuimos unos auténticos privilegiados...


Ahora ha consolidado un magnífico grupo, el Félix Rossy Sextet (y a veces Quintet), participando en importantísimos eventos jazzísticos (como el Festival "Jazz viene del Sur" de Sevilla, el Festival Hamaka del Castillo de Montjuïc o el legendario Festival Internacional de Jazz de Barcelona) y compartiendo escenario con infinitud de músicos ya súper consagrados.


Escribí a sus padres para que me informaran sobre cómo conseguir su CD de La Banda de Félix en homenaje a The Beatles. Quería regalárselo a mi hijo Sebastián, quien ahora tiene once años. El 20 de enero, día de nuestro santo, abrí mi buzón y me encontré con un sobre protegido que guardaba en su interior dos ejemplares de esa grabación. Era un regalo de la familia Rossy...


Y hace unos días, buscando fotos de Félix por la red, dí casualmente con un blog que contenía varias en una de sus entradas. Escribí a su titular, el fotopoeta José Fábrega Agea, alias Osselin, pidiéndole permiso para usarlas en mi blog, y me contestó a renglón seguido para otorgármelo.


Hé ahí la magia, hé ahí la esencia del jazz, que aproxima y congrega a la buena gente de este mundo...


(Fotografía de esta entrada
: Félix Rossy en la apertura del 38 Festival Internacional de Jazz de Barcelona, por José Fábrega 'Osselin' -fotos laterales tomadas también allí).


3 comentarios:

Osselin dijo...

Amigo Sebastian , un honor para mí ver publicadas mis fotos aquí. Emotivo artículo que voy a facilitarle a la familia Rossy hoy mismo, si los encuentro(es que los músicos de jazz no paráis quietos ni un momento!

Sebastián dijo...

Gracias, Osselin; el honor es mío. Respecto a que los músicos de jazz nunca paramos quietos, es verdad. ¡Hoy tengo sesión doble! Pero de repente he recordado este poema que escribí hace algunos años. Te lo dedico especialmente:

* * *

DETENCIÓN


Estamos siempre quietos, siempre quietos;
estemos donde estemos, siempre quietos,

como almas expectantes
o llamas solitarias en suspenso.

No conozco esta calle y, sin embargo,
siento que la conozco.

Es una calle en la que nunca estuve,
tan quieta como yo

en su quieto lugar
que siempre ha estado quieto.

* * *

Saluda a la familia Rossy de mi parte. Y un fuerte abrazo para ti.

Osselin dijo...

Los he saludado poeta. Mira tu próxima entrada.

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