...from the CAM

to the JAM...

Hola, amigos. Me he animado al ver que Esther Cidoncha ha editado en su última entrada seis excelentes fotografías de Jason Moran, Tarus Mateen y Nasheet Waits, realizadas durante las pruebas de sonido previas al concierto que ofrecieron el pasado viernes en Madrid, y he decidido modificar mis planes de referirme al concluido y lluvioso 28 Festival Internacional de Jazz de Murcia siguiendo un orden cronológico para mostraros, en primer lugar, las fotos que les hice a los susodichos en el Salón de Actos de la CAM y La Muralla, justo un día antes de que Esther los fotografiara en El Johnny.
Su actuación en Murcia estaba prevista al aire libre, en el Auditorio Municipal, uno de los escenarios habituales de pasadas ediciones del festival, pero la necesaria lluvia obligó, por fortuna para algunos y por desgracia para muchos, a trasladarla a la CAM. Quienes tuvimos la suerte de enterarnos del cambio disfrutamos de uno de los mejores conciertos de jazz de los últimos años y en unas condiciones acústicas insuperables (como todos, músicos y público, nos merecíamos); quienes acudieron al Auditorio y lo encontraron cerrado, tuvieron la mala suerte de perdérselo.
Indudablemente, hubo falta de previsión. Sabíamos que iba a llover. ¿Por qué no se planificaron y se divulgaron con suficiente antelación los diferentes cambios de escenario? Ya hablaremos de ello más detenidamente. Lo que está claro es que, como le dije no hace mucho al Sr. Troglo, los murcianos vivimos y sobrevivimos a salto de mata. Es nuestro sino.
Mis fotos, desde luego, no tienen nada que ver con las de Esther. Son meramente testimoniales. Eso sí: llevan mucha vida dentro. Cuando hable sobre el festival os mostraré algunas más (quien avisa no es traidor).

Tarus Mateen

Nasheet Waits
El concierto fue, digo, soberbio. Los músicos se mostraron en todo momento relajados y afables, pero a la vez muy concentrados en su tarea. Parecía que no habían salido de casa; y es que en verdad son gente que anda con su casa (que es el jazz) a cuestas. Comenzaron a tocar como si estuvieran ya calientes, como si no hubiesen dejado de tocar nunca, y ante un público sumergido en un solemne silencio, tan necesario para apreciar la música verdadera. De pronto, toda la historia del jazz, la pasada y la que está aún por llegar, comenzó a hacerse presente y a entrar por nuestros oídos.

Jason Moran en plena cirujía jazzística.

Así de tenso estuvo Tarus Mateen durante toda la sesión.
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Después vinieron los aplausos, los bises (los músicos no llegaron ni a salir del escenario, ¡estaban que se tocaban encima!) y más aplausos. Luces. Ahora sí. Hasta otra.
Les hice una foto a Miguel Ángel Orengo y a Nasheet Waits, que ya se conocían.
Les hice una foto a Miguel Ángel Orengo y a Nasheet Waits, que ya se conocían.

Y otra a los pianistas Pedro Baños y Javier Bermejo con Jason Moran.
Pero Jason no perdía el tiempo. A la salida del hemiciclo se puso a vender y a firmar discos.
Yo le compré este, magnífico, que incluye algunos de los temas que interpretaron esa noche.

Y aquí estampó su firma.

Después nos fuimos cada cual a cenar deprisa y corriendo para, media hora más tarde, acercarnos a la jam session organizada por Zarangojazz en La Muralla.
Ya mostraré otras fotos. La jam fue larga y sonada y una de las más intensas y brillantes de los últimos tiempos. El caso es que cuando, ya bien avanzada la noche, Jason Moran & The Bandwagon decidieron subir al escenario, a mi cámara apenas le quedaba batería y sólo me dio tiempo a hacerles cuatro o cinco fotos durante el primer tema, que interpretaron en solitario.

Tras Jason Moran, algunos músicos expectantes de Zarangojazz.

Se le ve serio, pero de repente sonríe y parece un niño.

Tarus Mateen tocó sin su bajo rojo pero con todo su fuego.
Nasheet Waits es un orfebre de la batería.
Para el segundo tema, Jason pidió a gritos un saxofonista, pero en ese momento aún no había hecho acto de presencia Patxi Valverde, que llegó tarde, así que le tocó subir, un poco a regañadientes, al clarinetista Andrés Santos, un músico y compositor jumillano que aún tiene mucho que decir en el terreno del jazz.
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En el tercer tema, Nasheet Waits inició un ritmo endiablado con el charles y yo no puede evitar sacar de mi bolsa el chucalho brasileño. Jason y Tarus me pidieron a gritos que subiera. A partir de ahí, improvisación pura. Nos salió uno de esos temas de los que se suele decir “¡Qué pena no haberlo grabado!”. Pero así es la vida y así es el jazz. Lo que cuenta es lo que gocé y lo libre que me sentí con ellos. Hubo, además, muy buena dinámica, como si nos conociéramos desde siempre, y el público lo agradeció.
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Una jam inolvidable. ¡Qué me quiten lo tocao!
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Al terminar, Miguel Ángel Orengo se me acercó y me dijo al oído que me había hecho algunas fotos. ¡A ver si es verdad y me las mandas, Miguel Ángel, que tú ya tienes las que yo te hice a ti!














