viernes, 23 de mayo de 2008

Dhafer Youssef & Wolfgang Muthspiel




I want to hold you close like a lute,
so we can cry out with loving.

You would rather throw stones at a mirror?
I am your mirror, and here are the stones.

(RUMI, Persian Poet and Sufi, 13th Century)


En Murcia no damos abasto. Con esto de vivir a salto de mata, se me olvidó comentaros que, inmediatamente después del 28 Festival Internacional de Jazz, dio comienzo el IX Festival Murcia Tres Culturas –un festival único en el mundo– con una programación francamente extraordinaria (pinchad aquí y podréis verla).

Ayer tuvo lugar, en el acogedor Patio de las Claras, uno de los conciertos más bellos e impresionantes de esta edición que ya termina: la del genial compositor, virtuoso laudista y magistral cantante tunecino Dhafer Youssef junto al no menos maravilloso y diestro guitarrista austriaco Wolfgang Muthspiel, hoy justamente considerado como uno de los mejores músicos de Europa.



La verdad es que no tengo palabras para describir las emociones y estremecimientos que experimenté durante el recital. Baste decir que se me saltaron las lágrimas en más de una ocasión.







Dhafer Youssef no sólo toca el laúd como los ángeles, sino que canta con una voz sobrehumana que parece emanar del principio de los tiempos. En sus composiciones se funden mágicamente la espiritualidad sufí, la música hindú y el jazz más contemporáneo.




Wolfgang Muthspiel es un pozo sin fondo repleto de recursos, dotado de un talento y una técnica descomunales. Hacía mucho tiempo que no escuchaba ni veía a un guitarrista tocar con tanta sensibilidad y destreza.



Ambos se avienen y se complementan como si hubiesen nacido el uno para el otro. Resulta casi inconcebible que dos músicos, dos almas, puedan crear y dar tanto sobre un escenario. ¡Qué capacidad y cuánta complicidad y clarividencia!



Un espectáculo sencillamente prodigioso, en el que interpretaron, a dúo, los temas de Glow, un soberbio álbum grabado y producido por el sello discográfico de Wolfgang Muthspiel, Material Records, con la colaboración de músicos de la talla de Tom Harrell (trompeta y friscornio), Alegre Correa (batería y percusión), Mathias Pichler (contrabajo) y Rebbeka Bakken (voz); en él, Muthspiel toca, además de las guitarras, el violín y el fender rhodes.


No obstante, y lo digo con el corazón en la mano, jamás cambiaría ni un millón de discos por un concierto en directo como el de ayer.

Qué más puedo decir...

¡Ah, sí! Que mañana sábado, a las 19:30 y a las 21:00 horas, tendré la doble oportunidad de ver y oír en el Jardín de Floridablanca a Deodato Siquir Trío. ¡Sí, Esther, como lo “oyes”!

¡Ya os seguiré contando!

* * *

Postdata: la cita del principio aparece en el interior de Glow; pertenece al poeta y sufí persa del siglo XIII RUMI y viene a decir más o menos esto:

Quiero celebrar que te cierres como un laúd,
de modo que podamos clamar amorosamente hacia fuera.

¿Deseas arrojar piedras a un espejo?
Yo soy tu espejo, y aquí tienes las piedras.


Texto y fotografías: Sebastián Mondéjar.

martes, 13 de mayo de 2008

Jason Moran & The Bandwagon...


...from the CAM



to the JAM...



Hola, amigos. Me he animado al ver que Esther Cidoncha ha editado en su última entrada seis excelentes fotografías de Jason Moran, Tarus Mateen y Nasheet Waits, realizadas durante las pruebas de sonido previas al concierto que ofrecieron el pasado viernes en Madrid, y he decidido modificar mis planes de referirme al concluido y lluvioso 28 Festival Internacional de Jazz de Murcia siguiendo un orden cronológico para mostraros, en primer lugar, las fotos que les hice a los susodichos en el Salón de Actos de la CAM y La Muralla, justo un día antes de que Esther los fotografiara en El Johnny.

Su actuación en Murcia estaba prevista al aire libre, en el Auditorio Municipal, uno de los escenarios habituales de pasadas ediciones del festival, pero la necesaria lluvia obligó, por fortuna para algunos y por desgracia para muchos, a trasladarla a la CAM. Quienes tuvimos la suerte de enterarnos del cambio disfrutamos de uno de los mejores conciertos de jazz de los últimos años y en unas condiciones acústicas insuperables (como todos, músicos y público, nos merecíamos); quienes acudieron al Auditorio y lo encontraron cerrado, tuvieron la mala suerte de perdérselo.

Indudablemente, hubo falta de previsión. Sabíamos que iba a llover. ¿Por qué no se planificaron y se divulgaron con suficiente antelación los diferentes cambios de escenario? Ya hablaremos de ello más detenidamente. Lo que está claro es que, como le dije no hace mucho al Sr. Troglo, los murcianos vivimos y sobrevivimos a salto de mata. Es nuestro sino.

Mis fotos, desde luego, no tienen nada que ver con las de Esther. Son meramente testimoniales. Eso sí: llevan mucha vida dentro. Cuando hable sobre el festival os mostraré algunas más (quien avisa no es traidor).


Tarus Mateen


Nasheet Waits

El concierto fue, digo, soberbio. Los músicos se mostraron en todo momento relajados y afables, pero a la vez muy concentrados en su tarea. Parecía que no habían salido de casa; y es que en verdad son gente que anda con su casa (que es el jazz) a cuestas. Comenzaron a tocar como si estuvieran ya calientes, como si no hubiesen dejado de tocar nunca, y ante un público sumergido en un solemne silencio, tan necesario para apreciar la música verdadera. De pronto, toda la historia del jazz, la pasada y la que está aún por llegar, comenzó a hacerse presente y a entrar por nuestros oídos.


Jason Moran en plena cirujía jazzística.



Así de tenso estuvo Tarus Mateen durante toda la sesión.



El gesto de Nasheet Waits refleja a las claras lo mal que lo pasó.
* * *
Después vinieron los aplausos, los bises (los músicos no llegaron ni a salir del escenario, ¡estaban que se tocaban encima!) y más aplausos. Luces. Ahora sí. Hasta otra.

Les hice una foto a Miguel Ángel Orengo y a Nasheet Waits, que ya se conocían.



Y otra a los pianistas Pedro Baños y Javier Bermejo con Jason Moran.



Pero Jason no perdía el tiempo. A la salida del hemiciclo se puso a vender y a firmar discos.


Yo le compré este, magnífico, que incluye algunos de los temas que interpretaron esa noche.



Y aquí estampó su firma.



Después nos fuimos cada cual a cenar deprisa y corriendo para, media hora más tarde, acercarnos a la jam session organizada por Zarangojazz en La Muralla.

Ya mostraré otras fotos. La jam fue larga y sonada y una de las más intensas y brillantes de los últimos tiempos. El caso es que cuando, ya bien avanzada la noche, Jason Moran & The Bandwagon decidieron subir al escenario, a mi cámara apenas le quedaba batería y sólo me dio tiempo a hacerles cuatro o cinco fotos durante el primer tema, que interpretaron en solitario.


Tras Jason Moran, algunos músicos expectantes de Zarangojazz.



Se le ve serio, pero de repente sonríe y parece un niño.



Tarus Mateen tocó sin su bajo rojo pero con todo su fuego.



Nasheet Waits es un orfebre de la batería.

Para el segundo tema, Jason pidió a gritos un saxofonista, pero en ese momento aún no había hecho acto de presencia Patxi Valverde, que llegó tarde, así que le tocó subir, un poco a regañadientes, al clarinetista Andrés Santos, un músico y compositor jumillano que aún tiene mucho que decir en el terreno del jazz.
* * *
En el tercer tema, Nasheet Waits inició un ritmo endiablado con el charles y yo no puede evitar sacar de mi bolsa el chucalho brasileño. Jason y Tarus me pidieron a gritos que subiera. A partir de ahí, improvisación pura. Nos salió uno de esos temas de los que se suele decir “¡Qué pena no haberlo grabado!”. Pero así es la vida y así es el jazz. Lo que cuenta es lo que gocé y lo libre que me sentí con ellos. Hubo, además, muy buena dinámica, como si nos conociéramos desde siempre, y el público lo agradeció.
* * *
Una jam inolvidable. ¡Qué me quiten lo tocao!
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Al terminar, Miguel Ángel Orengo se me acercó y me dijo al oído que me había hecho algunas fotos. ¡A ver si es verdad y me las mandas, Miguel Ángel, que tú ya tienes las que yo te hice a ti!

miércoles, 7 de mayo de 2008

Summertime Notice



Hoy comienza el 28 Festival Internacional de Jazz de Murcia. Ya os iré contando. Pero echadle también un vistazo a la programación del XI Festival Internacional de Jazz de San Javier pinchando sobre el cartel.

Amigos del Club de Félix: pinchad también aquí.

¡Salud!

miércoles, 30 de abril de 2008

Jazz: del cine a la calle









[Artículo publicado en la gaceta cultural El Kraken, nº 24]

Culmina abril con un delicioso y enriquecedor sabor a jazz, gracias al excelente III Ciclo de Cine y Jazz organizado por la Filmoteca Regional, que tuvo la deferencia de incluir a Zarangojazz entre sus colaboradores sin que este año apenas hayamos hecho acto de presencia y que ha ofrecido a lo largo de todo el mes una programación exquisita para regocijo de nuestros ojos, nuestros oídos, y nuestro corazón. El cine y el jazz nacieron y crecieron juntos, y su unión nos parece lo más natural del mundo; pero, si lo pensamos bien, no hay demasiadas “obras maestras” que hagan honor a ese hermanamiento. Lo mejor del jazz en el cine se ha mostrado casi siempre a través de documentales generados a pie de micros, estudios o conciertos, y generalmente gracias a cineastas que se embarcaron en proyectos que sólo su pasión y su tenacidad fueron capaces de llevar a cabo. Así, hemos podido ver joyas como Let’s get lost (1988), de Bruce Weber, que repasa la vida de Chet Baker desde la perspectiva de quienes lo conocieron muy de cerca; Miles electric: A diferent kind of blue (2004), de Murray Lerner, un apasionante puzzle sobre la vida de Miles Davis; Anita O'Day: The life of a jazz singer (2007), realizada por Ian MacCrudden y Robbie Cavolina tan sólo un año después de la muerte de la genial cantante de piel blanca, una de las más grandes de su tiempo; Jazz on a Summer Day, (1960), de Aram Avakian y Bert Stern, sobre el mítico Newport Jazz Festival de Rhode Island de 1958; o el emotivo documental Old man Bebo (2007), de Carlos Carcas, con el que se ha cerrado este soberbio ciclo.


Bebo y Chucho Baldés por Jordi Socías


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Y comienza mayo con la no menos estimulante llegada del 28 Festival Internacional de Jazz de Murcia, que este año regresa en gran medida al lugar del que nunca debió “salir”: la calle. Abren el festival, el miércoles 7, dos formaciones netamente murcianas; por un lado, un soplo, mejor dicho, muchos soplos de aire fresco: la Big Band de la Agrupación Musical Juvenil de Cabezo de Torres, que actuará en el Salón de Actos de la CAM a las 20 horas; por otro, el suculento grupo Caro Ceice, que interpretará los temas de su álbum El agua donde cuece la verdura en la histórica calle Besabé (entre la plazas de Romea y Santo Domingo) a las 21:30 horas. El jueves 8, a las 20 horas, los veteranos músicos itinerantes Jan Jankeje’s Mobil Jazz Band inundarán de dixieland el Salón de Actos de la CAM, y a las 21:30, en el Auditorio Municipal del Parque de Fofó, uno de los mejores tríos jazzísticos de la escena internacional, Jason Moran & The Bandwagon, que tal vez merecieran un marco más propicio; esperemos que las condiciones técnicas brillen a la altura. El viernes 9, a las 13,30 horas, de nuevo el grupo Jan Jankeje’s Mobil Jazz Band nos alegrará el mediodía en la Plaza de las Flores; y a las 21,30 en el Auditorio Municipal del Jardín de Fofó, baile y paroxismo asegurados con la actuación del virtuoso percusionista venezolano Luisito Quintero & His Percussion Maddness. Finalmente, el sábado 10, triple sesión a cargo de Jan Jankeje’s Mobil Jazz Band (a las 12 horas en la Plaza de Santo Domingo, a las 13,30 en la Plaza de Santa Catalina y a las 19,30 en la calle Trapería) y, a las 13:30, actuación de la trepidante banda murciana The Hot Cinco + Thomas Graf (dixieland y ragtime) en el Jardín de la Fama. Para despedir el Festival, una sesión de lujo: The “Pee Wee” Ellis Funky Assembly (21 :30 horas en el Auditorio del Parque de Fofó). Baste decir que “Pee Wee” Ellis acompañó a James Brown durante los años 60 y compuso nada menos que The Chicken, un potente tema inmortalizado por Jaco Pastorius.



Big Band de la Agrupación Musical Juvenil de Cabezo de Torres



Caro Ceice



Jan Jankeke



Jason Moran & The Bandwagon



Luisito Quintero







"Pee Wee" Ellis

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martes, 15 de abril de 2008

"Wicca", de Jordi Rossy Trío


Las ilustraciones y el diseño de cubierta e interiores son de Ana Golobart.

Tras varios meses de expectación y alguno más de espera, hace una semana recibí, por fin, Wicca (Fresh Sound New Talent, FSNT 309), el anhelado primer álbum de Jordi Rossy como pianista y el primero también liderando un grupo, el Jordi Rossy Trío, junto a Albert Sanz al órgano Hammond y R. J. Miller a la batería. Llevo, pues, siete días escuchándolo en cuanto tengo ocasión (en casa, en el coche, en el ordenador) y siento ya sus temas impresos en mi ADN como si estuvieran ahí desde siempre.

Yo ya había escuchado a Jordi al piano con el Félix Rossy Quinteto y el Alfons Enjuanes Quartet, incluso conocía alguna que otra composición suya, pero necesitaba un trabajo como Wicca para tener más conocimiento de causa y valorar su verdadera dimensión como compositor y como pianista.

De entrada, me gusta este Jordi Rossy Trío por cómo suenan, cómo empastan los instrumentos, cómo se compenetran y asumen su función los músicos que lo integran. En ese sentido, Wicca es un trabajo sabio y altruista, pleno de equilibrio y de saber hacer; un trabajo que hará historia y ennoblecerá para siempre la biografía de los músicos que lo han hecho posible.

Para mí es una formación casi inaudita. El único precedente que conozco lo tengo aún reciente: el magnífico trío del baterista Bill Stewart, con Larry Goldings al Hammond y Kevin Hays al piano y al Fender Rhodes, que en marzo del año pasado actuaron en San Javier en el marco del VII Ciclo de Músicas del Alma; pero, sinceramente, no recuerdo ninguna otra formación así; aunque a mí, la verdad, aparte de Bach y Handel, a la hora de hablar de organistas que no me saquen de Lou Bennett, Jimmy Smith o Baby Face Willette, o a lo sumo de algunas composiciones de Carla Bley. He oído muchas y excelentes grabaciones en las que el sonido Hammond y la guitarra eléctrica casan de maravilla (el propio Albert Sanz forma parte, junto al baterista David Xirgú, del Jordi Matas Organic Trío), pero estoy por decir que prefiero la alianza del Hammond con el piano; ambos instrumentos armonizan a la perfección en mis oídos y destilan en mi mente altas dosis de concordia, sosiego e intemporalidad: el piano, con ese aire clásico, culto, solemne, del que carece la guitarra eléctrica, y el Hammond con esa atmósfera litúrgica, volátil, espiritual, como de interior de vieja iglesia o antiguo cinematógrafo.

Pero luego están los músicos, con su forma de interpretar e interactuar, y sus composiciones, espejos en los que al fin todo se refleja. En Wicca sobresalen desde las primeras notas la autenticidad, la honestidad y la finura de Jordi Rossy –un músico libre, virtuoso, creativo y emprendedor– y su inmensa complicidad con Albert Sanz, quien, recordemos, es también pianista, compositor e incluso, en ocasiones, un avezado baterista. Ambos dialogan, acometen las melodías y los solos o se dan la vez con mesura y elegancia sumas.

De los cinco temas compuestos por Jordi Rossy (Metamorfosis y Loving Tone son de Albert Sanz), Sexy Time y Moose Love son los que he hecho más míos. En Sexy Time palpita en un rincón, osada y cálida, la bossa; y Moose Love es un vals lento y melódico, exquisitamente sencillo, tierno y profundo a la vez. En ambos temas se tiene la impresión de que el ritmo y la melodía nacen solos, con total espontaneidad, claros como los sentimientos o las emociones que los inspiraron.

Rítmica, melódica y armónicamente, Wicca y El Bardo son temas hermanos, con un marcado acento épico. En Wicca colaboran un espléndido y curtido Félix Rossy a la trompeta (no olvidemos que Félix es hijo de Jordi y debe rondar los catorce años) y Enrique Oliver al saxo tenor, que brilla especialmente en este tema con un sobrio y sugestivo solo.

Tainos es más intangible, más misterioso, más minimalista; da la impresión de que comienza en medio de un solo de un tema de estructura, armonía y melodía inciertas.

Si tuviera que llevarme a una isla uno de los dos temas de Albert Sanz, me quedaría con el exquisito Loving Tone, un evocador y delicado tema que funcionaría de perlas como banda sonora de una buena película de cine mudo; en él, Jordi Rossy vuela definitivamente alto, ancho y largo con el piano.

Por cierto, la labor de R. J. Miller a lo largo de todo el álbum es tan precisa, discreta y apacible que casi olvido mencionarla.

En muchos aspectos, Wicca me ha evocado aquel jazz limpio y melódico, tan lírico, tan lleno de emociones y matices (e insisto, tan cinematográfico) que en los años 50 y 60 hacían músicos como Lee Morgan, Grant Green, Duke Pearson o Joe Henderson...

Pero, en el fondo, lo que más me ilusiona es que Wicca es el viaje iniciático de una aventura mágica que no ha hecho más que comenzar.

Enhorabuena, Jordi.

Y ahí van, como recuerdo, unas cuantas fotografías (bastante malas y peor escaneadas) que les hice al padre y al hijo junto al baterista Miguel Ángel Orengo y el contrabajista Tiziano Garoffolo el 28 de diciembre de 2005 en La Muralla. Si queréis saber más sobre aquel fantástico bolo, leed mi entrada del 14 de febrero de 2007 titulada ¡Qué Noche la de Aquel Día!







Un año sin Julio Muñoz

[Obituario publicado hoy en la edición impresa del Diario La Opinión de Murcia bajo el título 'Un año sin un emblemático bajista de ...